Durante ocho años, Siete Trece fue mi empresa y mi única fuente de ingresos. Llegué a tener una diseñadora contratada, y todos los clientes llegaron porque alguien me recomendó. Hoy trabajo como empleado.
La independencia me dio una libertad que resultó más aparente que real: no cumplía horario, pero casi siempre estaba trabajando, y los proyectos grandes me tocaban en horas extra que nadie pagaba. Tampoco dejé de tener jefes: cada cliente era uno distinto, así que con diez clientes tenía diez jefes, o más. Y no tenía vacaciones pagas: cada semana que me desconectaba era una semana menos por cobrar y una semana más de gastos, así que el hueco en el bolsillo terminaba siendo más grande de lo que uno se imagina.
He estado en los dos lados, y aun así no tengo una respuesta universal. Por eso busqué qué dicen los datos. La pregunta que más se repite en Google es simple: ¿es mejor ser empleado o independiente? La respuesta honesta es que depende de qué se mida.
Este artículo es información para decidir, no asesoría laboral, tributaria ni financiera. Cada situación es distinta.
1. No es una decisión rara: casi la mitad del país trabaja por su cuenta
En Colombia, trabajar por cuenta propia es lo más común. Según datos del DANE citados por El Colombiano, en 2025 los trabajadores por cuenta propia eran el 41,3 % de los ocupados, cerca de 10 millones de personas.
Pero ser independiente no siempre significa elegirlo. En el trimestre de marzo a mayo de 2026, la informalidad laboral fue de 54,7 % a nivel nacional y de 40,7 % en las 13 principales ciudades, según el DANE. Muchas personas trabajan por su cuenta porque no encontraron empleo, no porque lo hayan preferido.
Este artículo habla de la otra situación: la de quien puede escoger.
2. La cuenta que casi nadie hace: el salario no es todo lo que recibe un empleado
El error más común al comparar es poner lado a lado el salario de un empleado y lo que factura un independiente. Son cifras que no se pueden comparar directamente.
Lo que recibe un empleado con contrato laboral, además del salario, según la ley colombiana:
- Prima de servicios: un salario al año, pagado en junio y diciembre.
- Cesantías: un salario por cada año trabajado.
- Intereses sobre las cesantías: el 12 % anual.
- Vacaciones pagadas: 15 días hábiles por año.
- Aportes a salud y pensión compartidos: el empleado aporta 4 % a salud y 4 % a pensión; el empleador pone el resto.
Lo que paga un independiente, según el Decreto 0379 de 2026:
- Cotiza sobre el 40 % de su ingreso neto, es decir, después de restar los costos de su actividad.
- Sobre esa base paga 12,5 % de salud y 16 % de pensión, más la ARL según el riesgo de su actividad.
- No tiene prima, cesantías ni vacaciones pagadas. Si descansa, no factura.
Un ejemplo para hacer la cuenta
Supongamos un empleado con un salario de $4.000.000. Sumando prima, cesantías e intereses, y restando sus aportes, recibe al año unos $52,6 millones, con las vacaciones ya pagadas.
¿Cuánto tendría que ganar un independiente, por cada mes que trabaja, para recibir lo mismo en el año?
| Situación del independiente | Ingreso mensual necesario | Frente al salario de $4 millones |
|---|---|---|
| Descansa 3 semanas al año, sin facturar | $5.281.164 | 32 % más |
| 6 semanas al año sin ingresos (descanso y meses flojos) | $5.658.390 | 41,5 % más |
Cálculo simplificado: no incluye impuestos, ARL, costos de la actividad ni los mínimos y máximos de cotización.
Hay un detalle que suele pasar desapercibido: como el independiente cotiza sobre el 40 % de su ingreso neto, su base de pensión puede quedar más baja que la de un empleado con ingresos parecidos. Eso no se nota hoy, pero sí al pensionarse.
La conclusión del ejemplo: un independiente que factura lo mismo que un empleado gana salario, en realidad gana menos. Para quedar igual necesita cobrar bastante más, y eso sin contar los meses en que no entra trabajo.
3. Lo que no aparece en la cuenta: la autonomía
Si el dinero fuera lo único, casi nadie escogería ser independiente. Pero la investigación muestra que hay algo más.
Matthias Benz y Bruno Frey publicaron en 2008, en la revista Economica, un estudio sobre la satisfacción laboral. Encontraron que los independientes están más satisfechos con su trabajo que los empleados de organizaciones, sin importar cuánto ganen ni cuántas horas trabajen. Su explicación: las personas no solo valoran los resultados, sino también cómo se toman las decisiones. A eso le llamaron “utilidad procedimental”.
Thomas Lange revisó la misma pregunta con datos de la Encuesta Social Europea de 2006 y descartó que fuera un tema de personalidad: lo que explica esa satisfacción es la autonomía y la independencia.
En Colombia, un experimento de Prada-Medina, Mantilla y Cortes (2022) con trabajadores colombianos encontró que la gente valora la autonomía más allá del pago, y que quienes ya la habían experimentado estaban más dispuestos a pagar por ella.
4. El precio de la autonomía: más estrés
La satisfacción tiene un costo. En 2025, investigadores de Bayes Business School, Warwick Business School y la Universidad de Notre Dame publicaron en el Journal of Business Venturing un estudio con gemelos idénticos, una forma de descartar que las diferencias vengan de la genética o de la crianza.
En 2.082 pares de gemelos finlandeses, quienes pasaron a ser independientes reportaron un 24 % más de estrés percibido a lo largo de seis años que su gemelo empleado. En un segundo estudio con 59 pares de gemelos en Estados Unidos, los independientes tenían al final del día niveles de cortisol, la hormona del estrés, 53 % más altos.
Según el profesor Vangelis Souitaris, uno de los autores, incluso quienes están predispuestos a desenvolverse bien en ese entorno terminan con más estrés que sus pares que trabajan en una organización.
Es decir: más satisfacción y más estrés a la vez. No se contradicen. Se puede disfrutar mucho algo que también cansa mucho.
5. El dato más interesante: quienes han sido las dos cosas
Un estudio de Litsardopoulos, Saridakis, Georgellis y Hand, publicado en 2023 en Economic and Industrial Democracy, siguió a 3.051 personas en el Reino Unido durante diez años. Encontró dos cosas:
- La satisfacción con la independencia no crece para siempre. Sube con la experiencia, llega a un punto máximo y después baja.
- Las personas con experiencia mixta, que han sido empleadas e independientes, reportaron la mayor satisfacción laboral de todas.
Una lectura posible: haber estado en los dos lados permite valorar lo que da cada uno, en lugar de idealizar el que no se tiene.
Me identifico con este hallazgo, con un matiz: mi problema no fue solo el desgaste, sino que nunca construí un negocio que no dependiera al 100 % de mi tiempo. En la práctica fui más un autoempleado que un empresario, y esa es la lección que más me quedó de esos ocho años.
6. Cinco preguntas para decidir
- ¿Cuánto necesito facturar, no ganar? Use el ejemplo: para igualar un salario, un independiente necesita cobrar entre 30 % y 40 % más por mes trabajado.
- ¿Tengo con qué aguantar los meses sin ingresos? La independencia sin un colchón convierte cada mes flojo en una crisis.
- ¿Qué valoro más: estabilidad o control? Los datos dicen que la autonomía da satisfacción, pero también estrés. Ninguno de los dos es gratis.
- ¿Quién me va a contratar? Sin clientes o sin una red que lo recomiende, la independencia es un salto al vacío.
- ¿Estoy escogiendo o huyendo? Renunciar para escapar de un mal trabajo no es lo mismo que escoger la independencia.
Entonces, ¿qué es mejor?
Hoy, como empleado, en teoría gano menos, pero es un ingreso constante: sé cuánto voy a recibir a fin de mes, me puedo proyectar y no paso las noches pensando en cuánto tengo que recolectar para cumplir mis obligaciones. Eso se traduce en una vida con menos altibajos emocionales. Seguro en algún momento vuelva a intentarlo por mi cuenta, pero espero hacerlo con la experiencia suficiente para construir algo escalable, y no para volver a ser mi propio único empleado.
Lo que muestran los datos es que no hay una opción mejor, hay una cuenta que hacer y un precio que escoger. El empleo paga con estabilidad; la independencia, con control. Lo peligroso es escoger sin saber cuál de los dos se está pagando.
Investigación y borrador asistidos por IA, revisados por Jorge Laverde.
Fuentes
- El Colombiano (febrero de 2026). Uno de cada dos trabajadores fue por cuenta propia o jornalero en 2025 (con datos del DANE)
- DANE (julio de 2026). Boletín técnico: Empleo informal y seguridad social, marzo a mayo de 2026
- Heinsohn (2025). Cómo calcular prestaciones sociales en Colombia
- Portafolio (febrero de 2026). Seguridad social en Colombia: así deben cotizar dependientes e independientes en 2026
- Portafolio (abril de 2026). Nuevo decreto en Colombia cambia aportes de independientes (Decreto 0379 de 2026)
- Benz, M. y Frey, B. (2008). Being Independent is a Great Thing: Subjective Evaluations of Self-Employment and Hierarchy. Economica.
- Lange, T. (2012). Job satisfaction and self-employment: autonomy or personality? Small Business Economics.
- Prada-Medina, Mantilla y Cortes (2022). Procedural preferences for autonomy: an experimental study with Colombian workers
- The American Institute of Stress (2025). Feeling the pressure: new research reveals true effects of self-employment on stress (sobre el estudio en Journal of Business Venturing)
- Litsardopoulos, N., Saridakis, G., Georgellis, Y. y Hand, C. (2023). Self-employment experience effects on well-being: A longitudinal study. Economic and Industrial Democracy.
